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Un textículo de Mauricio Restrepo R. (a.k.a. Ludwig Pursewarden)

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Las nubes se amontonaban temerosas, como en la víspera de una gran noticia que caería de los cielos. Necesitábamos la consumación de aquel vigor celestial, que al menos ya podía respirarse. Sin embargo, era como si de repente una suerte de conciencia las hiciera dudar, y tal vez emprendieran un nuevo rumbo, y evitar así un trágico destino: el poder intrínseco de su naturaleza…

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Era así como desde mi escritorio —en un intento de arranques literarios con una pizquita de indeleble pacotilla— ensalzaba el poder de una jauría de nubes que vacilaba en precipitarse sobre nosotros, un trío de torpes estudiantes bajo el efecto del mediodía, con ansias de conversación trivial y sin trascendencia —es decir, la misma que, pasado un tiempo, podremos olvidar o recordar a voluntad (cosa que, hay que admitir, es un lujo)— y, por supuesto, del desle cotidiano de la gran cafetería: el albergue de una cantidad siempre infame de mujeres, todas con algo que en cada una (sé que ellas lo saben, o lo intuyen de alguna forma) era único; o dicho de otro modo: cada una tenía siempre algo que envidiarle a las demás.

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Acudía todas las noches a una cita con la carne. Entre las 8 y las 11:00 pm se encendían las luces del apartamento. La de la sala, la de la cocina… la de la habitación. Ella tenía la sana costumbre de despojarse de sus ropas al llegar. Gregorio conocía bien su rutina diaria. Ya era capaz de dibujar el interior de la habitación: un clóset al fondo, un espejo al lado de la puerta, una bombilla de bajo consumo y un extraño objeto al pie de la ventana.

Gregorio apagaba las luces para no ser descubierto y esperaba pacientemente hasta verla de pie frente a su espejo. Se miraba por aquí y por allá, se medía la ropa del día siguiente, se aplicaba cremas en la cara, hacía poses muy calientes. Inclinaba su cuerpo hacia adelante, llevaba sus brazos atrás y estiraba su espalda en arcos de perfección trigonométrica. Se tiraba picos a sí misma.

—Tiene más tetas que una guanábana…  —decía Gregorio, invadido por un torrente de efervescencia.

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Por Jacobo Karolys

 

the orphan horror movie videos online plot synopsis summary 4

 

IDIOMA: Inglés
DIRECTOR: Jaume Collet-Serra (La casa de cera, ¡Goool! 2: Viviendo el sueño)
PROTAGONIZADA POR: Vera Farmiga, Peter Sarsgaard, Isabelle Fuhrman, Karel Roden, Aryana Engineer, Jimmy Bennett, Lorry Ayers, CCH Pounder, Margo Martindale, Rosemary Dunsmore.
DURACIÓN: 123 min.
GÉNERO: Drama, Thriller, Intriga, Terror.
PAÍS: Francia, Canadá, Estados Unidos, Alemania.

Entré a ver la película con el propósito de saber qué tipo de cosas aterrorizan a los gringos. Al comienzo pensé que iba a salir defraudado, pero debo reconocer que la cinta logró su objetivo: entretenerme. Yo sabía que no iba a salir meditabundo, con mil preguntas en la cabeza acerca de la condición humana, tomando pepas en un psiquiátrico. Simplemente, la película me llamó la atención porque me encanta ver la evolución de las temáticas del cine de terror. Una buena forma de estudiar la sociedad es a través de lo que asusta a la mayoría. Y bueno, creo que no sólo asusta a los gringos. A cualquiera le fallarían los esfínteres si despierta a las 3 am y ve a la hija de Hannibal Lecter con un martillo al pie de la cama (!).

La historia trata sobre una pareja de esposos (Vera Farmiga y Peter Sasgaard) que intentan superar una dramática crisis familiar. Ella perdió una bebé durante el parto (quien sería la menor de tres), nunca pudo tener más hijos, quedó terriblemente traumatizada y cayó en el alcohol. Luego de una serie de pacientes terapias psicológicas, la pareja decide superar las circunstancias y adoptar una hija. En el orfanato, una niña adorable los cautiva (Isabelle Fuhrman). Parece una muñequita de porcelana, pinta cuadros con una admirable destreza y habla con un fuerte acento europeo. Ellos, encantados, se la llevan a casa para iniciar un nuevo ciclo en la historia de la familia. Lo que no saben es que le han dado la bienvenida a una serpiente; y no cualquier serpiente, una tan gris y negra como la mamba africana.

El guión es interesante. Tiene unas bombas excelentes que deja estallar de manera oportuna. El final, si bien aparece sugerido desde el momento en que se encuentran por primera vez los personajes, resulta impactante. El claro oscuro y, por su puesto, el color rojo intenso en varias escenas, es una constante en la fotografía (la cual apunta a lo grotesco). La banda sonora es sutil y deliciosamente lúgubre; y a pesar de que cae en muchos lugares comunes, en las escenas de suspenso cumple con el objetivo que alguna vez señaló Spielberg: que la música no sea un factor de distracción, pero que su ausencia cause la impresión de que algo falta.

Y finalmente, la mayor fortaleza de la película es la actuación. Es evidente un gran trabajo en la dirección de actores. Los niños actúan muy bien; especialmente la hija menor de la pareja —una niña sordomuda— y la protagonista. Hace falta mucho talento para darle a la historia el realismo que requiere. Por momentos, ese contrato de “yo actúo y tú te la crees” entre el actor y el espectador se hace efectivo, aunque el argumento sea bastante inverosímil y no se haya logrado alcanzar un nivel óptimo de correspondencia entre lo representado y lo escrito. Sin embargo, si Isabelle Fuhrman continúa trabajando con disciplina, es probable que tengamos una gran estrella en el futuro.

 

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Por otra parte, el propósito de entretener (y de producir sensaciones, como gran parte del cine de terror), se vuelve una limitante. En varias ocasiones, el miedo se produce más por “sustos” de la música y las imágenes repentinas, que por la trama. En eso constituye el pecado del thriller de terror: se prefiere causar impresiones fuertes antes que despertar ideas que desequilibren la mente del espectador. Las emociones, producto de ellas, se desvanecen y se olvidan rápido; las ideas, como las producidas en películas de Bergman, Kubrick o Haneke, se quedan fijas, como garrapatas, en los abismos de la mente.

La conclusión a la que llegué, es que a los gringos les espanta la anormalidad; aquello que rompe con la expectativa social de lo que “debe ser”. La locura, el crimen, la enfermedad y la maldad, mezcladas con cualquier personaje que deba ser todo lo contrario de por sí, como una niñita linda y huérfana, traen como resultado a un monstruo.

De uno a diez, le doy un seis con cinco. Es recomendable para ver tarde en la noche, bien acompañado y levantar el descansabrazos de la silla del cine…
 
Fotos tomadas de: http://orphan-movie.warnerbros.com/
Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=P8OjaV3gyOI

 

Por Andrés Delgado

 

En el centro de la ciudad, son las tres de la tarde y cae un sol inmenso que duele. Camino por las calles que bullen con multitud de peatones, vendedores ambulantes, taxis y buses de servicio público. La avenida la Playa, a la altura de Junín, es sombreada por enormes ceibas. Desde allí, y bajando por Boyacá, uno llega al Parque de Berrío donde está la Gorda de Botero, la estación Metro de Berrío y la iglesia de la Candelaria. Cuando Gonzalo Arango escribió un perfil de Simón Gonzales, dijo que era “neto como la arepa, es decir, más antioqueño que la Candelaria”.

 

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La Virgen de la Candelaria, es una virgen negra, como es negro el niño Jesús que sostiene en los brazos, ―un desliz en el racismo practicado por el Vaticano―. La Candelaria fue la primera iglesia que se construyó en Medellín y de ella se tomó el nombre para el pueblucho que comenzaba a crecer: Villa de la Candelaria. Fue fundada en 1649 por los españoles. Es decir, hoy en 2009, cumplió 360 años. Fue tanta la devoción que le prodigaron los primeros pobladores a la Virgen de la Candelaria que, incluso, la timbraron en el escudo de la ciudad y todavía hoy, en la sala del Consejo de Medellín, en un lateral, está la negra María con su niño en el escudo.

 

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El Parque está atiborrado de personas y el congestionado tráfico es insoportable. La iglesia de la Candelaria tiene dos entradas principales sobre la carrera Palacé. En ellas hay ventorrillos con veladoras, estampillas y escapularios. Miro estos chécheres y pienso en la gitana Margot con su pañoleta en la frente, sus pulseras, su falda ancha y sus ojos enigmáticos siempre maliciosos. Enseguida del ventorrillo, hay un viejo tirado en la escalinata pidiendo limosna. Es pelilargo, mugriento, y flaco. Tiene las encías peladas, sin un solo diente, y no tiene camisa ni zapatos. Su única prenda de vestir es una pantaloneta roñosa. Alza la mano y pide limosna con el rostro desgraciado. Finalmente decido a entrar a la iglesia. El cambio de ambiente se siente de inmediato: afuera el bullicio, adentro la calma. En el interior se canta la misa del medio día. Las palabras del cura retumban y hacen eco en la alta bóveda del cielo raso. El ambiente es solemne. Camino por uno de los pasillos y veo colgadas en las paredes las imágenes sagradas. En una de ellas está Jesús crucificado, un Jesús idéntico al miserable sujeto de la entrada: pelo largo, cuerpo sucio y flaco. Es un mendigo del Parque de Berrío clavado en una cruz. Mientras tanto, el cura sigue dando su monserga. Habla sobre la fidelidad y el matrimonio. No sé cómo putas habla de un tema que desconoce por completo. Me da rabia la hipocresía del cura y me largo de allí. A la salida de la iglesia, a punto de salir de nuevo al calor y la agitación de las calles, aún está el Jesucristo mugroso pidiendo limosna.

 

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En el parque no hay bancas para sentarse. Por eso la multitud está de pie y mucha otra gente va y viene a la estación Metro.

 

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En uno de los laterales del Parque escucho voces cantando, me acerco y veo un trío de señores con bigote, sombrero y guitarras destartaladas, cantando música carrilera: la música más montañera de este puebluco montañero. Los veo y pienso: “en ese sombrero está guardada mi raza, y en esas guitarras la música de mi abuelo”. La carrilera es un género musical que se canta con poncho y carriel. Alrededor del trío se ha convocado una romería de obreros y desempleados que los mira con orgullo. Luego, los más cercanos arrojan una moneda. Cerca de los músicos hay una niña de unos quince años. Tiene puesta una minifalda y está embarazada. Con la cara rajada por el sol vende tintos a trescientos pesos. En una mano sostiene un termo verde. Junto a ella hay otras niñas, de su misma edad, con idénticos termos en las manos. Hablan y se ríen.

 

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En la mitad del parque está la jardinera con el busto de Don Pedro Justo Berrío, patrono del parque y eminente personaje de la historia antioqueña. El único pecado que cometió Don Pedro fue andar amangualado con la iglesia católica y ser conservador. Porque de resto, hizo buena cosa: En 1864 fue gobernador del departamento, y, en su gobierno, Antioquia tuvo un amplio desarrollo económico. Al término de su mandato pasó a dirigir la Universidad de Antioquia hasta el año de su muerte. Don Pedro Justo está de pie en el podio de la jardinera central, acompañado de un libraco de leyes. Está mani-cruzado y mira con severidad, peinado con la raya a un lado, vestido con un traje impecable que las palomas cagan con frecuencia. Don Pedro Justo tiene a sus pies una nómina de unas quince personas que se rebuscan la vida vendiendo minutos de celular a doscientos, otras diez personas que lustran zapatos por tres mil, docenas que venden cigarrillos y chicles. En general, el Parque de Berrío está cargado de tragedia social.

 

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En Colombia con Palacé está la escultura del maestro Arenas, llamado “El desafío”: un poderoso jinete montando su caballo proyectado hacía el cielo. Cuando camino por allí enfoco con la cámara del celular y tomo varias fotos pensando en la crónica para Medellín Sinestésica.

 

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Más abajo, por la calle Colombia está el edificio del Banco de la República y el busto de la “Gorda de Botero”. La Gorda fue punto de encuentro en el centro de la ciudad. La gente decía “nos vemos en la Gorda a tal hora”. Y había que ver el reguero de gente pegada de la Gorda en las horas de la tarde, mirando continuamente el reloj de la muñeca, con cara de estar esperando a alguno. Hoy, poca gente, se encuentra en la Gorda. Pero sobre ella ha quedado la marca de las esperas. El bronce oscuro del cuerpo tiene una única parte brillante y dorada: el pubis de la Gorda. Todo el que esperaba, tenía que tocarla justo allí. Y de tanto tocar quedó brillante. Bien decía Bukowski que el mejor amuleto no era una pata de conejo, o sobarle la panza a un buda, sino acariciarle el pubis a la novia.

Tomo otro par de malas fotos, compro un tiquete de Metro y miro de nuevo el Parque desde las escalinatas de la estación. Este es un sitio clásico en Medellín. Un extranjero que venga a Medellín y no lo visite, se pierde una oportunidad para conocer la idiosincrasia Antioqueña. Tal vez los paisas ya no seamos tan “Antioqueños como la Candelaria”, como decía Gonzalo Arango, pero es innegable la influencia de este Parque, bien por la experiencia personal, o por lo que heredamos de unos papás que vivieron el esplendor del centro de la ciudad.

 

yo en la candelaria

 

Por Jacobo Karolys

vegetus

Hay quienes afirman que “no hay nada más largo que una semana sin carne”; y sin duda, carecen de creatividad. Lo digo, debido a la duda que casi siempre veo venir al hablar de mi elección a la hora de comer. “Y si usted no come carne… ¿entonces qué come?”, me preguntan. Y gracias al esfuerzo de muchos, quienes se han arriesgado a enriquecer el cerrado panorama de la gastronomía paisa, es posible demostrarle a los comensales del Valle del Aburrá que pueden deleitar sus paladares sin que se derrame sangre.

Ejemplo de ello es “Vegetus”, un pequeño restaurante ubicado en el centro de Medellín, el cual ofrece una interesante variedad de platos, que van desde las comidas que a diario vemos en los menús de la gastronomía paisa (fríjoles, hamburguesas, derretidos, etc.), hasta otros menos comunes, como wraps de verduras con proteína vegetal. Y a diferencia de lo que podrían pensar muchos omnívoros, es un lugar concurrido a la hora del almuerzo de lunes a viernes.

El restaurante es vegano, lo cual significa que no se venden productos derivados del reino animal. La rica variedad de jugos, el queso y los helados son estrictamente vegetarianos, como la dueña del local, que ha dejado de alimentarse de los animales desde hace diez años; y lejos de lo imaginado por muchos, goza de un cuerpo saludable. Lo que busca con su restaurante es promover la cultura del vegetarianismo, y demostrarle a la gente que es posible comer platos exquisitos y sanos, apelando a la creatividad; pues no sólo de carne vive el hombre.

Allí es posible encontrar varios tipos de embutidos y demás productos para cocinar, como tofu y leche de soya. Los precios son económicos y el ambiente del lugar es ameno y refrescante.

Altamente recomendado para vegetarianos y omnívoros curiosos.

Vegetus está ubicado en la Carrera 47 (Sucre) # 54-10, a una cuadra del Parque Bolívar.
Teléfono: 511 7288.
vidasaludorganica@yahoo.com

Por Ludwig Pursewarden

Una fotografía no es un accidente, es un concepto.
Ansel Adams

schierke

¿Quién, a veces, no necesita un referente para un poco de inspiración? Aquí es donde aparece Schierke Photographers, una plataforma de difusión que desde hace más de 20 años ha conglomerado diferentes portafolios de fotógrafos de la mejor calidad creativa y técnica para suplir las necesidades del mercado europeo. En Schierke se puede encontrar fotografía de moda, retratos, arquitectura e interiores, arte (recientemente iniciado con la obra de Peter Hönnemann), entre muchos otros.

Esta página es apta para los fotógrafos puristas, es decir, aquellos quienes creen que ésta no debe ser intervenida por algún software de tratamiento de imágenes (p.e. Photoshop), y que, por ello mismo, se esfuerzan al máximo antes de la toma, a diferencia de aquellos que se han apropiado de las nuevas tecnologías para el desarrollo de ideas que no caben en la mente. La pura fotografía y el Photoshop sin concesiones conviven pacíficamente.


Por Ludwig Pursewarden

 

turnusCover de Valedictions EP, tomada de http://aerotone.300l600.de

 

Acerca de la Música Libre

Desde hace algunos años he dedicado gran parte de mi tiempo a escuchar música de sellos que trabajan por Internet, la gran mayoría sin soporte físico y bajo licencias diferentes a las comerciales usuales (como el famosísimo Copyright). Un ejemplo de ello son las licencias Creative Commons, en las que bajo ciertas condiciones es posible —y además legal— descargar la música sin ningún costo. Este tipo de proyectos, junto a otros cuya diferencia radica sólo en su canal de distribución (como los Blogs y las bases de datos), es lo que se conoce como Música Libre.

Los sellos que trabajan por Internet bajo licencias como la mencionada anteriormente, en su mayoría, están asociados a los géneros musicales que tienen menos acogida por las disqueras comerciales, como lo son, por ejemplo, algunos géneros de música electrónica y experimental. Por otro lado, todo este movimiento de la llamada Música Libre —la cual, a título personal, considero será el futuro de la música, en el cual la rentabilidad que pueda esperarse estará dada por las utilidades asociadas a presentaciones, conciertos, donaciones, y demás (mas no por utilidades por ventas en soporte físico)— ha contribuido a la difusión de un gran cantidad de trabajos que, por un lado, son de una gran calidad, y por otro, pertenecen a artistas que trabajan por el arte y el reconocimiento: no por el dinero, lo que de algún modo es garantía para los artistas de fidelidad consigo mismos en el sentido estético de la propia búsqueda o creación de experiencias sonoras.

 

Turnus – Valedictions EP

Es muy grato encontrar en la red proyectos de Música Libre como el caso del sello alemán Aerotone, quienes a pesar de llevar varios años en la escena alemana le han apostado —a diferencia de otros, que atiborran su portal de trabajos que, dicho sea de paso, despiertan un halo de sospecha, una noción de productividad un poco turbia— a la calidad en cada uno de sus lanzamientos. Aerotone se define como amante de la música melancólica, y veremos que así lo es.

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